lunes, 11 de agosto de 2008

notas de dirección

Estas notas que fueron tomadas hace tiempo , valdrían ahora para emprender una nueva exploración del texto.

Junio 2004:

“Los actores pueden trabajar según una técnica extra cotidiana del uso del cuerpo; aunque no tienen formación en ese sentido, solo la que yo puedo transmitirles, logran acciones físicas interesantes. Estamos en el momento en que cuando percibo algo de importancia desde mi rol de espectador, el actor también lo ha sentido. Esta concordancia refuerza mi autoridad y coloca a los actores en un sitio de veneración merecido”

“En los momentos inmediatamente posteriores al ensayo, los actores siempre quieren comentar algo. No doy muestras de entusiasmo ni estimulo a que esto pase. Me veo obligada a aclarar cuestiones técnicas que desembocan en sus personales resistencias al trabajo. Suelen aceptar mis opiniones ya que ellos mismos han empezado la charla. No me agradan particularmente estos momentos, ya quiero irme y olvidar, pero nunca corto la charla y me mantengo en situación escucha “docente” (como si supiera).”

“El director da el corte al ensayo pero son los actores los que intuitivamente lo finalizan. En algunas de estas charlas finales y aparentemente fuera del tiempo de ensayo, los actores han hecho análisis de personaje inmejorables y que me han guiado en los ensayos siguientes”

Abril de 2005:

“Hora de dejar de trabajar según el texto de williams. Aunque los actores sigan usándolo para los ensayos. Tengo que mirar y escuchar lo que sucede en escena con total ingenuidad. Creerles como si los estuviera espiando realmente por una ventana. Creer yo misma esta imagen de cuarta pared que propongo respetar. Escuchar los sonidos y no las palabras. Despues veré cómo se recupera el sentido de un texto. Aunque no sé todavía cuál es el vínculo entre los dos personajes. No asustarme. Es imposible en teatro tener una idea y luego plasmarla. Sospecho que la “verdad” de lo que pasa entre estos dos personajes está segundos despes de las resistencias de los actores y en la repetición de las acciones absurdas que elijen hacer cuando los empujo a resolver”

“Sé este momento de trabajo se agotará y que es en este tiempo que hay una posibilidad de que a partir de lo que veo en el escenario y contrasto con lo que veo en la escena (imaginando como director autor y espectador a la vez) surga una imagen, o pre imagen, o como se llame, que sea matriz de la obra final”

lunes, 7 de julio de 2008

sintesis

Texto que decanta desde la pieza breve de Tennessee Williams titulada “Háblame como la lluvia”. Inspiración sostenida en la trayectoria del tiempo en que fue leída y el tiempo en que fue propuesta. Negación de ver en la brevedad catalogada ,un episodio parcial de las miserias ciudadanas. Intuición arribada por preguntarse lo que resta entre la belleza acabada del texto del autor norteamericano y la impericia de las actuaciones logradas. Astucia por poner en el ruedo de la reflexión casual pos ensayo, la intriga acerca del sentido sumergido, aún no avizorado en los parlamentos. Gratitud, registrada, a esos iniciales actores que prestaron voz de duda, ocurrencia y auto análisis, por dar y no dar sistemáticamente en la tecla de lo que mal anda en la escena. Visión primera del núcleo temático, lo roto el amor, como pareja impensable espeluznante del continuo encuentro. Desestimado por dos que, en un ritmo de síncopa, se hablan y son hablados por sus cuerpos, que no renuncian. Necesidad ,que resulta ventajosa, de escribir otro texto en base a la misma estructura interpretada.
Segunda visión de puesta en fuga de ese cuarto habitación cama ventana hacia las latitudes del afuera. El mapa socio histórico de las fuerzas que hacen ruinas. Un resultado sonoro y coloro. Tercera puesta en visión: ¿y qué de mí coló por el redil del objeto? Sobre el final la respuesta, que llegó cuando pudo formularse pregunta: ¿Qué me gustaba de esta maravilla atormentada de Tennessee Williams?

Entrevista

Entrevista realizada a Laura Lago, directora de “No tendré cuerpo”. Septiembre de 2006.
La visión de un poeta muerto

Por AF
*



A.F.: Dirigís, sos la responsable de la puesta en escena y la dramaturgia de No tendré cuerpo. ¿Cómo definirías la obra?)
L.L.: Bueno, suena a demasiado. No tendré cuerpo es un texto escénico inspirado en el mundo dramático de Tennessee Williams. Después de un año y medio de trabajo, arribamos a un texto propio donde apostamos a que las imágenes que materializamos escapen del corsé del realismo académico, para vivificar una metáfora de la rotura sobre la cual todo amor se desliza.

A.F.: ¿Podrías hablarme de esta metáfora a la que aludís?

L.L.: Esta metáfora es una suma, una cifra. Una cuenta que cierra en nuestros libros. Es lo que se ha podido averiguar, acerca del universo dramático de Williams y la llaga desde donde nos habla. Claro, no se me escapa que palabras como amor son enormes en cuanto a su posible significación; aunque este entendimiento, ese instante en que uno cree descubrir de qué se trata lo que hace, representa la piedra de roseta, algo que sin estar resuelto de ninguna manera, sirve de norte para el director (norte fantasmal la mayoría de las veces, hay que decirlo) y de confiada incertidumbre para los actores.

A.F.: ¿Qué papel juegan los actores, entonces?

L.L.: Según yo veo la cuestión de la actuación, debería estar prohibido que los directores les dijeran a sus actores lo que deben hacer, aprovechándose del hecho de haber descubierto el tema sumergido del texto. No son muñecos los actores, aunque a veces se presenten así en los ensayos. Siempre quieren vivir la cuestión, y vivir es siempre a la manera de uno. Así es que lo que decida hacer el director una vez que tuvo la intuición poética, determina la dinámica que se establece en el grupo. Parece que la matriz del diálogo a partir de ese momento es: “no te voy a decir lo que tenés que hacer, porque lo que tenés que hacer es, sencillamente, lo que haría el personaje en sus circunstancias”. Sigue siendo ineludible el método de las acciones físicas. Y el actor suele responder de una manera algo fastidiosa aunque se encargue de disimularlo con sonrisas y entonaciones de humildad: “he considerado las circunstancias y actuado en consecuencia, no veo qué es lo que me sale mal o no te gusta, director, que pareces no saber lo que buscas”. (Risas)

A.F.: ¿Qué decisión tomás en esas circunstancias?

L.L: Frente a esta actitud, creo que hay que pensar en un hijo adolescente y no desestimar lo que subyace al reclamo. Lo único que tomo de la reacción del actor en estos casos, es su mención mas o menos explícita (aunque siempre sentida) a la ignorancia del director. Digo: “Sí, hijo mío, no sé a ciencia cierta lo que busco, porque lo que busco deberías buscarlo tú mismo ya que al teatro lo hacen sus actores. No importa el error, ni cuánto nos lleve el errar hasta encontrar el camino. Pero hay algo que sí sé y en lo que me tendrás pendiente como una espada sobre tu alma, y es que nada sucederá en verdad en una escena si no está el actor encarnando las preguntas que, él mismo, como ser viviente, se haría al verse arrojado a las circunstancias que constituyeron a los personajes”.

A.F.: ¿Una especie de bumerang elegante?

L.L.: Claro, definir técnicamente las circunstancias dramáticas es la dimensión de análisis intelectual que todo actor debe saber hacer. Y “arrojarse” a las circunstancias, mitad imaginarias mitad materiales de la escena teatral seria, para mí, dominar la técnica de la improvisación y la indagación activa en la primera etapa hacia la configuración de un personaje. Un extremo del bumerang, ineludible ya que de eso se trata el oficio. Lo otro, hacer el esfuerzo por encarnar las preguntas vitales del personaje prestando para ello la propia sangre, es una elección que en el teatro de arte es casi obligatoria aunque a menudo la traicionemos.

A.A.: ¿Cuál sería el rol del director entonces?

L.L.: Cuando el rol del director recae también sobre una persona que no es ninguno de los actores, pienso que es responsable de proveerse la cantidad de ensayos que necesite, hasta arribar a ese momento de intuición poética. Esa intuición vendrá, si hay suerte, con un germen que guiará la exploración formal de los ensayos. Esta responsabilidad incluye, desde mi punto de vista, estimular a cada actor para que encarne en escena las preguntas técnicas, éticas y estéticas que harán verdadera una actuación. Pienso que esto es condición, aunque no garantía, de la acumulación y la repetición del resto que es el personaje teatral.

A.A.: ¿Cómo comenzó el proyecto?

L.L: El proyecto surge en el 2004, en el marco de un Taller de formación para el actor, que dictaba en “El Cenáculo” de Necochea, espacio del cual fui co-fundadora. Otros dos actores que ya no están en el elenco me propusieron ensayar con un texto breve de Tennessee Williams, lo pensé y les hice una propuesta de acción.

A.F.: ¿Qué les propusiste?

L.L.: Que nos encontráramos durante dos meses, dos veces por semana, en la sala de ese espacio cultural. Según el plan que teníamos, nos dedicamos a crear un material propio de cada actor que guardamos en secuencias de acciones. Las acciones surgían a partir de estímulos relacionados o no al mundo dramático y referencial del texto. A este material lo analizamos según principios de las técnicas extracotidianas del uso del cuerpo. Buscábamos con estas preguntas técnicas poner en evidencia una corporalidad dramática perceptible en el movimiento, y no un tipo de movimiento interesante pero vacío de lo que, me parece, hace a lo singular del trabajo del actor teatral en cualquier registro estilístico o de género.

A.F.: ¿Por qué te decidiste por ese modo de trabajo?

L.L: No me parecía que debíamos arrancar los ensayos explorando las situaciones dramáticas contenidas en el texto de la obra. Más tarde pude conceptualizar la razón de esta decisión Sencillamente no quería entrar al texto en la forma habitual que estaba acostumbrada a ver. Es más, les propuse a los actores, que también eran mis alumnos, empezar por un lugar totalmente diferente al que sugería en las clases.

A.F.: ¿A qué te referís cuando decís “corsé del realismo”?

L.L.: Yo conocía la obra de Williams, había estudiado actuación con sus escenas según el método de las acciones físicas. Sinceramente, siempre sentí que esa metodología aplicada linealmente a las escenas no era lo que las hacía funcionar. Por suerte, mi profesor de aquellos años era un artista del teatro, un director que no se conformaba con lo correcto. Quiero decir que para que el “vuelo poético” de los personajes apareciera, este docente, tenía que perturbar la lógica, digamos universal, de las acciones en por lo menos dos sentidos: negando autonomía al sujeto de la accion, instaurando el decir como acto fundamental de la escena. Te quiero aclarar que el hecho de que una metodología no baste para hacer una poética no fue un gran descubrimiento de mi parte, simplemente te cuento desde cuándo me vengo preguntando algunas cuestiones.

A.F.: ¿Por qué decís que la metodología no alcanzaba para hacer funcionar las escenas?

L.L.: Se veían actores que decíamos los bellos textos a disgusto o con “mal gusto”, y acciones físicas correctas que parecían no tener nada que ver con el alma humana. Para que empezaran a funcionar había que hacer algo más que analizar los elementos de la estructura. Los personajes de Williams son verosímiles a nivel de la literatura pero en cuanto te ponés a actuarlos queda en evidencia que la complejidad que los hace tan terriblemente humanos se te escapa por completo. Parecieran que ni ellos mismos saben por qué hacen lo que hacen. En el proceso de “No tendré cuerpo”, el tema de la no-autonomía del sujeto, lo resolvímos introyectando, como impedimento o mandato físico, alguna de las presumibles circunstancias sociales que habían estado en el pasado del personaje. Las acciones comenzaban a encajar con la poesía cuando el actor se permitía escucharse a sí mismo como personaje ya existente. Los parlamentos comenzaban a funcionar como manifestaciones monológicas que transformaban al propio actor casi sin quererlo y transformaban al partener si este lograba escuchar la música.


A.F.: ¿En qué momento se encuentra el trabajo actualmente?
L.L.: En este momento estamos buscando el espectáculo. Es decir una visión de montaje que no desdiga el tipo de exploración que tenemos, y que empiece a jugar con el lugar de la recepción. Este nuevo problema nos está llevando a decidir - descubrir qué se muestra y oculta de los discursos que el pequeño mundo dramático que hemos creado tiene sobre los múltiples y caudalosos discursos del mundo, digamos real: el famoso mundanal ruido.


miércoles, 14 de mayo de 2008

texto


NO TENDRÉ CUERPO

Escena uno

A telón cerrado, sobre el cual una luz blanca forma una luna. La actriz de pie sobre el costado izquierdo del proscenio. El actor sobre el otro lateral. Son muchachos que se seducen a distancia, recordando los sutiles rituales eróticos de los bailes de salón. Por momentos, durante los que tiemblan como pájaros, parece que van a acercarse o decirse lo que el deseo les dicta. Sin embargo vuelven a la displicente sofisticación de aquellos a quienes nada urge. La luna blanca decrece, ellos caminan hacia el centro del proscenio. La música se diluye. Antes de que se toquen la luna se pone definitivamente.


Escena dos.

Primera imagen
El telón se abre lentamente. La escena muestra un gran ventanal sobre el límite interno del proscenio. La persiana americana de la ventana esta baja. El actor se encuentra detrás de ésta de modo que el público aun no lo ve.
Por fuera del espacio delimitado por el ventanal una mujer joven avanza hacia el proscenio. Tiene puestos unos zapatos de taco y un piloto azul, mojado. Tropieza con su propio pie, tambaleándose unos segundos, durantes los cuales y, pese a sus hermosos ojos ya abiertos, parece despertar. Sus manos vacilan en el aire como dos pájaros . Retoma su caminata para cruzar la calle. Un bocinazo la sorprende y detiene en el límite del atropello y el escenario. Después de la frenada el auto arranca suavemente. Ella lo sigue con la mirada, parece abochornada e indignada a la vez.

Segunda imagen
La mujer retoma la caminata hacia el centro de la escena. Sobre un fondo sonoro de truenos, bocinazos y voces confusas, la actriz reproduce en una secuencia de acciones una noche desesperada entre extraños conocidos hasta que el sonido cede. Sale por el lateral derecho. Silencio. La luz frontal declina.

Tercera imagen
Luz azul que ilumina el centro del escenario donde se encuentra una cama de una plaza y una silla. Suavemente comienzan a escucharse risas de programas cómicos de televisión. Solo las risas. El actor entorna las persianas y la luz se filtra desde adentro. Las risas continúan en una rítmica repetición. El actor retrocede hasta la cama, toma un abrigo y desaparece por el costado izquierdo. Apagón.


Escena tres.

Ella acaba de entrar a la habitación. Está parada y mirando hacia la cama donde él duerme. Se quita el piloto, los zapatos y el pañuelo.


Ella: _ Soy la desterrada, la que sin parecerle a nadie está desaparecida. El muerto que habla ,el sinsentido. El pie en mi cadáver y mi boca en mi boca. Tuyito el muertito, mía la lengua y la boca. Los muertos que ignoráis resucitan. Saben: nunca estarán vivos pero su poder decir les bien saluda para zombiar . Es el cadáver el que le dice a la boca:
_ Quiero al menos ser un muerto. Urdí para que me tejan, tengo que haber sido para no ser . No te preocupes después de la red yo mismo me muero._
Es el muerto el que recuerda:
_Varias veces dije y callé lo que ahora insisto sin la pena ni la gloria de querer (de hecho un muerto no quiere nada) cambiar un curso, sino mas bien descansar en paz_ Es el muertito el que piensa:
_ Debe haber una voz que nos caiga como molde, una grieta de vasija, un derrame de lo sabido. Algo que nos largue secos pero de una buena vez a otra sed que nos busque._
Dijo el finado finando al final:
_ Yo devuelvo lo que no es mío. Como lo usé, estará gastado. Que les sirva a otros lo que de mí quede , después de entrar en la negrura con los ojos abiertos.

La mujer abre lentamente la persiana. Sonidos de ciudad y luz de día que entran al cuarto. Ella se acuesta en el piso.


Escena cuatro

Duermen. Después de unos instantes él se despierta.

Él: _ ¿Qué pasa?
Ella:_ Nada
Él: _¿Dónde está mi saco?
Ella: _Cuando volví te habías ido.
Él: _ Te dejé una nota. ¿Por qué no llamaste?
Ella: _ ¡Lamé, pero no se entendía nada! Quería que me digan la dirección pero el que atendió no me escuchaba y al final me cortó. Después me daba ocupado siempre, me imaginé que habrían dejado el teléfono mal colgado. Así que volví a salir a ver si te encontraba de casualidad en otro lado. Estuve dando vueltas y viendo gente toda la noche. Me agarró la lluvia pero igual seguí caminando por cualquier lado hasta que me di cuenta de que podía volver acá, ¡qué estúpida!
Él: _ Estaba echado sobre el piso húmedo. Húmedo y frío. Sentí que estaba solo antes de abrir los ojos. Hacía por lo menos horas que estaba ahí, entumecido y frío en un rincón del piso húmedo.
Sonaba música. Fuerte, realmente fuerte, algo movido... alegre. Así que me moví tratando de pararme, llegué en cuatro patas al borde de una... no sé... una cama, y pude sentarme. Había luz, luz natural, pero no sabía qué momento del día era. El sol entraba por unas ventanitas altas en una pared azulejada. Inmensa.
Estaba acurrucado en el piso, dormido sobre mi propio vómito. ¡Al menos espero que haya sido sobre mi propio vómito! Me acomodé un poco, tuve que agarrarme el brazo derecho como si fuera una cosa porque estaba totalmente dormido. Y busqué algo... y me limpié como pude.
Solo pude ponerme en cuatro patas y arrastrarme hasta que entendí de dónde salía la música y estuve un rato tocando el aparato hasta que algo funcionó y entonces... recién ahí... me di cuenta que un televisor también estaba prendido a todo volumen. Me trepé como pude a unos sillones y tiré del cable hasta que se desenchufó.
Debo haberme desmayado porque cuando me desperté tenía mucho más frío que antes, la piel helada y tirante. Y ahí fue cuando escuché cómo intentaban abrir la puerta moviendo el picaporte. Escuché las voces. Supongo que había un pasillo del otro lado. No sé por qué pero me asusté. Como si hubiera hecho algo malo, como si hubiera comenzado una pelea yo sólo contra un montón de gente inocente, como si hubiera logrado que una gran fiesta se agriase y todos se hubieran ido lastimados. Como si me hubiera quedado con algo que no era mío y estuvieran de repente ahí del otro lado de la pared buscándome indignados y furiosos los dueños de ese lugar destrozado. Me podría haber quedado quieto como un actor japonés, o incluso tendría que haber llamado a esos que hablaban afuera, y querían entrar a toda costa, para poder pedir un auto y salir de ese lugar totalmente revuelto. Pero, en cambio, me puse a buscar mis cosas en cámara lenta, en una velocidad que se me antojaba imperceptible para alguien que me estuviera mirando. Hice, tuve que hacer, un gran esfuerzo para no caerme , me esforzaba por mantenerme en equilibrio concentrado en alcanzar una camisa que estaba enredada con la pata de una silla y aplastada por platos, cubiertos y cosas, de todo tipo volcadas. ... parecía un artista del trapecio... el piso estaba sembrado de ropas... y restos de comida y...
Ella: _ ¿Ropas?
El: _ Sí. Ropas... busqué la mía... bueno creo que finalmente agarré la mía. Me quedé paralizado cuando las personas del otro lado empezaron a probar llaves en la puerta y esperé a ver que pasaba... esperé en ese cuarto gigante mudo y resignado como si me hubieran condenado a la horca , hasta que desistieron y pasaron muchos minutos en que estuve así con el pantalón a medio poner escuchando el siseo del ventilador de techo que parecía lo único vivo de ese universo abandonado. ¿Y vos qué hiciste?
Ella: _ Agua...
El: _ Habláme, decíme algo. Mi vida, ¿Querés decirme algo? háblame.
Ella: _ Sí.
El: _ Ay, dios... contáme algo, habláme, decíme cosas, para que yo te escuche aquí, acostado, y te escuche. Estoy tan cansado. Estás fría mi amor.
Ella_Yo...

Apagón.


Escena cinco


El mismo lugar. Han puesto música. Ella se cambia de ropa y se maquilla. El también se prepara. La busca para besarla mientras la ayuda con el vestido. Ella lo rechaza. Juegan a algo indescifrable pero que los llena de euforia. Están alegres y raros. Él, que está como disfrazado, tiene arrebatos de amor y felicidad. Su cara asume distintos rostros como máscaras rituales. Bailan, se muestran cosas, aprenden uno de otro. Lo único que desentona es el excesivo volumen de la música de radio y el ritmo anómalo de las acciones que pasan de una extrema lentitud a una velocidad que termina llenando de violencia los actos que realizan. Sutilmente ella empieza a atemorizarse a la vez que el hombre se despeña por la grosería y la torpeza. Antes de que se instale en ellos el final de fiesta unos golpes letales en la pared los detiene en seco. Tardan unos segundos en reaccionar. Ella apaga la radio. A la vez que él está por ponerse a contestar la protesta, del otro lado de la pared los insultan de tal forma que la vergüenza los desactiva. Apagón )

Imagen


Escena seis

EL mismo lugar. Sin rastros de la fiesta. Los dos son los mismos aunque sus cuerpos reaccionan con la contenida tensión del que camina por un borde filoso. No se miran pero se tienen presentes. El hombre joven es, pese a su edad un anciano ,y ella está sujeta por correas invisibles a la cama y a sus palabras.

Ella:_ Me voy
El: _ ¿Qué?
Ella: _ Me voy de aquí.
El: _ ¿Como?
El: _ Sola.
El: _¿Cuando?
Ella: _Cuando pase esta tormenta y haya dormido un poco, un poco nada más voy a preparar mi valija con ropas de invierno y con ropa de verano. Un poco de ropa nada mas, voy a pasar a despedirme de la mujer de abajo. Pero sin decirle nada, sabiendo que no la voy a ver otra vez, que ese rostro que le vea en mi última pasada será como esas fotos, esos retratos un poco tristes y mentirosos que guardan los hombres en sus billeteras para recordar un amor, un amor como un homenaje a quien sutil o brutamente despreciaron en vida.
El: _ Ajá. ¿Y después?
Ella: _¿ Después? Después... ya en la calle voy a caminar, despacio y calmada como en años no he caminado, sin pensar en minutos ni direcciones ni siquiera en el sueño o en las ganas de comer. Caminar, caminar como si estuviera detenida, con la valija a mi lado, con el vestido liviano y blanco, blanco blanquísimo como las nubes. Y dejaré que mi mirada se pose en los árboles y en el asfalto, en un nene que es llevado de la mano de alguien, en un anciano que también me mirará y con quien me saludaré amablemente como si fuéramos viejos conocidos, como si nos fuéramos a volver a ver a esa misma hora en esa misma vereda, un viejo con un bulto rugoso y redondo en el costado de su nariz como un gorrión domesticado. Un viejo pulcro sentado a la puerta de su casa sobre un banco de piedra tan viejo como su espalda. Y yo iré y vendré por esa vereda entre esos árboles adultos y las paredes de las casas tibias por el golpe del sol en otoño, llevando mi bolsa de ropa limpia y mi bolsa de compras. Compraré solo lo necesario para ese día, verduras, rojas... verdes... naranjas... y fruta, poca fruta, poquísima, que me alcanzará justo para una vez, y leche que repartiré entre los gatos de la cuadra porque no llegaré a...
El: _ A tomarla toda.
Ella: _ Sí, a tomarla toda. Todos los días a las seis de la tarde saldré a caminar, me alejaré de las casas y tomaré el camino que lleva al descampado donde guardan los caballos. Iré ahí aun los días de frío. Especialmente los días de viento, me quedaré quieta y asustada en el medio de esos cuerpos y nadie se enterará nunca de mi hazaña secreta. Únicamente unos chicos una vez me verán salir de ese montón apretado, se reirán pero también se sorprenderán de esa mujer delgadísima y casi vieja ya. Me haré amiga de los chicos, de una nenita especialmente. La madre desconfiará al principio pero ella se encaprichará en venir a visitarme y pasado algún tiempo hasta me pedirán que la cuide unas horas , como un favor. No recordaré nada de mi vida anterior, nunca volveré a llorar o desesperarme, sin embargo seré una mujer algo melancólica, una dulce pena sin nombre me invadirá como una canción que se recuerda sin ganas. Y justo, precisamente antes de entrar en mi cuarto para acostarme en esa cama blanca y fresca me descubriré en el espejo, me asombraré de la persona que habitará en esa penumbra irreal, de esos ojos inmensos y encendidos, de esa delgadez de mariposa. Alguien solitario, casi viejo ya, nos miraremos por primera vez en mucho tiempo, serán por un momento penosos los recuerdos que volverán... el abandono, la soledad y las tristezas de los que alguna vez fueron míos... pero durará muy poco esa luz sobre el pasado. Buscaré un abrigo que ponerme, ni siquiera echaré una mirada sobre la habitación cuya cama jamás volveré a tocar. Bajaré las escaleras quedará la puerta cerrada pero sin llave, el frío viento me golpeará la cara. Estaré confundida, ahí parada, a esa hora, como una sonámbula despierta, una tontería a medio terminar. Ningún nombre acudirá a mi cabeza. El viento me golpeará el pecho y lo tomaré así, una flor de aire entre mis manos. Una nada de carne entre los huesos. Sólo una piel en el frío. Flaquita, flaquita poca cosa sin nombres sin pasado un cuerpo apenas real en la noche. Daré unos pasos miraré las casas vecinas, ventanas duras la calle húmeda parpadeando entre las hojas otro y otro y otro pasito de vieja de bebé de oveja de palo me ganará el agua entre las piernas me sentiré mareada yéndome hacia el descampado una vez más hacia el descampado última vez más al descampado me arrastraré por la pared del viento sideral una araña helada agarrada al gran viento, dejare mi cara abierta al fin y me entrará el aire...
El: _ Basta.
Ella:_ el aire de más allá del mundo raspándome hollándome fina fina hasta que al final no tendré cuerpo ya y y el viento me tomara en sus fríos brazos blancos y me llevara para siempre ...
El: _Vení mi amor.
Ella: _ Me voy... me voy... me voy. vení vos.

El se para. Camina hasta la ventana. Parece que le sobrevendrá un ataque. Muecas. Un gemido. Ella levanta el rostro para mirarlo. Esta atenta. Se para. Vacila. Va hacia él que la rechaza. Ella queda tensa y detenida por unos instantes, después vuelve a acercarse y lo abraza a la vez que lentamente cae de rodillas. Él gira finalmente y se abrazan. Se escucha un viento fuerte que crece a medida que la escena queda a oscuras y va cerrándose el telón. Durante unos minutos el sonido lo invade todo.

Fin